El cholo

Hay una analogía bastante utilizada que he ido escuchando en los últimos años. El elefante en la habitación. Esta metáfora hace referencia a que al entrar a un cuarto es imposible que -de ser el caso- no veamos a un elefante que está ahí. Si la gente prefiere no hablar del “elefante” simplemente está haciéndose de la vista gorda ante un hecho o tratando de evitar el discutir sobre una verdad incómoda.

El Perú, lamentablemente, es un país racista. Muy racista. Y ése es el elefante sobre el que he escogido escribir ahora. (Disclaimer: Esto no pretende tener un tinte político, pero no voy a negar que la situación actual del país me animó a escribirlo)

Para nosotros el racismo está ahí, a nuestro lado desde que somos pequeños. Recuerdo dos de las primeras veces en las que escuché la conjugación del verbo “cholear”. A mi abuela, cuando hablaba sobre algunos de nuestros vecinos “… no te vayas a juntar con esos cholos”. A un amigo de mi niñez, quien como yo tenía 7 años, cuando le escuché decir sobre otra persona “Es que es un cholo”.

No los culpo. Lo aprendieron en el contexto en el que crecieron.

Pero los tiempos cambian, y hoy en día es nuestra responsabilidad estar informados sobre nuestra historia y nuestra cultura y evitar que esto perdure.

Al día de hoy es incontable la cantidad de veces que escuché a gente cholear a otras personas. De desconocidos, de mis círculos sociales, incluso -y ahora me avergüenza muchísimo decirlo- de mí mismo. Cuánta ignorancia despilfarrada en un comentario.

Cholo (con connotación peyorativa) es el adjetivo utilizado en Perú para referirse a algo o a alguien que tiene características indígenas. Escogí la palabra “cholo” para este texto, porque es una palabra que usamos coloquialmente en nuestra habla, no siendo éste el caso con “indígena”

¿Pero quién es un cholo?

Un cholo es, simplemente, alguien que tiene un porcentaje, aunque sea mínimo, de origen indígena.


En Perú solemos decir que nuestro país es una mezcla de todas las razas. Y que lo que tenemos de nuestros antepasados incaicos, lo tenemos de nuestros conquistadores españoles.

Y si bien es cierto que en Perú mucha gente comparte sangre europea y rasgos característicos europeos. Perú, indudablemente, es uno de los países en Latinoamérica que tiene menos porcentaje de mezcla europea en su sangre.

Y no, esto no es algo malo. Esto no es algo de qué avergonzarse.

Y es precisamente por eso, la razón por la que quiero hablar de este “elefante”

Fuimos -a veces siento que aún lo somos- un país colonial. Siglos atrás existía una categorización de personas de acuerdo a su origen sanguíneo. La gente que tenía más poder, más derechos, mejor educación  y más dinero era la gente que venía de Europa, o los descendientes de europeos en el país. A la persona que era indígena o tenía parte de indígena, se le negaban ciertos derechos.

Desde la época colonial, lamentablemente, una idea quedó implantada en nuestro país (o incluso continente)  “lo cholo” es “malo”, mientras lo “blanco o europeo”, “lo bueno”.

¡Cuánto ha calado en nuestra sociedad e idiosincrasia! Estas heridas dejaron cicatrices que aún afectan a nuestra sociedad actual.

Gracias a esto mucha gente sin estar consciente de ello negaba y niega las raíces de nuestros ancestros.

Como ejemplo, pregúntense cuál es el porcentaje de personas que hablan quechua (o alguna de las lenguas originarias) en nuestro país.


Y ahora pregunto de nuevo, ¿Quién es el cholo? El cholo soy yo.

Personalmente me costó tiempo deshacerme de todos los paradigmas y esquemas que me dejaron en la cabeza por muchos años.

Crecí en un contexto en el que tuve la suerte de tener padres que me apoyaron económicamente y con buena educación. La plata te blanquea, dicen. Yo no sabía que yo era cholo.

Inconscientemente intenté separarme de las raíces indígenas que tengo e incluso del mismo aspecto. Hubo un tiempo en el que empecé a cuidarme del sol, usé cremas para blanquear la piel. Empecé a usar productos para que mi cabello luciera más claro y no negro. Que si bien, en su momento lo vi simplemente como un cuidado estético más, hoy  me doy cuenta que no me permitía abrazar completamente de dónde es que vengo.

Al salir de Perú, tenía las -entonces escondidas- expectativas de ser discriminado de alguna forma. Tristemente puedo decir que Perú fue el país donde más fuerte vi el racismo. Y no digo que otros lugares no lo sean, pero creo que en Perú fue donde lo sentí más normalizado. 

Vivir fuera del país, comenzar a leer a Maria Rostworowski, entre otras cosas me hizo dar cuenta de que soy un cholo más. Sólo que un cholo que ha tenido suerte.


Empezar a aceptar estas raíces para quien nunca lo hizo antes es un proceso difícil. Te lo digo yo. Pero es un proceso necesario a fin de cuentas para disminuir las brechas sociales en nuestro país y entender mejor a nuestra gente.

No vamos a poder evolucionar como país hasta que aceptemos que el racismo es algo en lo que estamos sumergidos y que tenemos que cambiarlo.


Éste no es un post para irse al otro extremo. Lo blanco es lo malo. Lo indígena lo único bueno, no. “Odio al español”, simplemente no. Por favor entiendan que ése no es mi punto ¿Qué culpa tiene esta gente de lo que pasó en la Latinoamérica colonial hace 500 años? El racismo es condenable, del lado que provenga. 

¿Y tú estás dispuesto a pensar o hablar sobre este “elefante en la habitación”?

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