A walk of shame

Sentir la temperatura mañanera de 10 grados en casa. Fuera,3 grados, pero se siente como -2 a causa de los fuertes soplidos de la ciudad.

Te montas al tranvía y al shuttle bus que se dirigen a Office Garden. El jardín de las oficinas. Que no es más que concreto. Edificios agrupados y separados por tareas y funciones colectivas en el engranaje corporativo.

Dentro del shuttle bus me encuentro a un new joiner de la compañía. Su nombre es Victor. Alto, delgado, cabello largo y ondulado, cara de inocencia y actitud de hippie.

Me comenta que se olvidó el badge.

En el engranaje corporativo del que somos parte se nos provee de un badge, un ID, una tarjeta de identificación que no sólo registra nuestras entradas y salidas de las premisas, sino también nos concede acceso alas mismas.

Está demás decir que todos debemos conocer religiosamente esta parte del protocolo de nuestra empresa. Sería inaudito y hasta irrisorio que algún despistado olvide esto al salir a trabajar ¿Quién en su sano juicio podría ser partícipe de tal acto sacrílego?

Me preparo para aconsejar al joven iniciante, cuando me doy cuenta que alguien más olvidó el badge.

Sí, adivinaron. Como buen defensor del desafío constante delstatus quo, su servidor, este caballero, este lovag tiene que hacer el walk of shame a casa a recoger la identificación después de mensajes desesperados a mi jefe (sorry boss) y sonrisas improductivas a la recepcionista del edificio, mientras al mismo tiempo Victor se atora de la risa de mis inútiles esfuerzos.

Parece ser que el aconsejado siempre puede ser uno mismo.

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